Supe que no estaba sólo en el momento en que escuché esos ruidos. No podía descifrar bien de qué o quiénes se trataban. Pero si de algo estaba seguro, era de que no estaba sólo. Traté de no hacer caso, de convencerme de que eran ilusiones mías y de cerrar los ojos hasta caer en un sueño profundo. No pude. Me aterraba la sensación de que si me dormía podrían aprovechar para hacer lo que hubiesen venido a cumplir. Tenía que estar despierto y alerta. Me escondí en el placard temiendo que mi aguda respiración delatara mi escondite. Entre los viejos trajes de papá encontré un sobre con plata. Quizás era por eso que estaban acá. Querrían el sobre. ¿Corría yo peligro entonces? Por las dudas no me convenía estar cerca de él. Salí del placard y me escondí en el baño. Cerré la cortina de la ducha y me aplasté bien chiquitito contra el piso de la bañera para no ser descubierto en un golpe rápido de vista. El pecho me golpeaba tan fuerte que me pregunté si a las otras personas también les pasaba en situaciones así. Pasaron de largo. Sentí un alivio momentáneo y cerré los ojos. Supongo que la misma adrenalina me durmió como anestesia. Cuando llegó mamá me despertó. Quise advertirle pero su mirada me dijo que no había necesidad. Ya había pasado. Me llevó a la cama grande, me abrazó y me volví a dormir. Nadie me había dejado la luz prendida. viernes, 27 de mayo de 2011
Luz prendida
Supe que no estaba sólo en el momento en que escuché esos ruidos. No podía descifrar bien de qué o quiénes se trataban. Pero si de algo estaba seguro, era de que no estaba sólo. Traté de no hacer caso, de convencerme de que eran ilusiones mías y de cerrar los ojos hasta caer en un sueño profundo. No pude. Me aterraba la sensación de que si me dormía podrían aprovechar para hacer lo que hubiesen venido a cumplir. Tenía que estar despierto y alerta. Me escondí en el placard temiendo que mi aguda respiración delatara mi escondite. Entre los viejos trajes de papá encontré un sobre con plata. Quizás era por eso que estaban acá. Querrían el sobre. ¿Corría yo peligro entonces? Por las dudas no me convenía estar cerca de él. Salí del placard y me escondí en el baño. Cerré la cortina de la ducha y me aplasté bien chiquitito contra el piso de la bañera para no ser descubierto en un golpe rápido de vista. El pecho me golpeaba tan fuerte que me pregunté si a las otras personas también les pasaba en situaciones así. Pasaron de largo. Sentí un alivio momentáneo y cerré los ojos. Supongo que la misma adrenalina me durmió como anestesia. Cuando llegó mamá me despertó. Quise advertirle pero su mirada me dijo que no había necesidad. Ya había pasado. Me llevó a la cama grande, me abrazó y me volví a dormir. Nadie me había dejado la luz prendida.
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